La perfección es TRAMPA
Feb16

La perfección es TRAMPA

Es una trampa de nuestros días: la PERFECCIÓN. perfecionimperfecta-1000x520

Ser perfectas* trabajadoras, ser perfectas físicamente, ser perfectas madres, ser perfectas cocineras, ser perfectas para la pareja, ser perfectas pensantes, perfectas oradoras, perfectas escuchadoras, perfectas hermanas, amigas, etc. Vamos, lo que significa, ser un 10 en todo. Ser perfectas para encajar con el resto, para que el resto vea lo perfectas que somos. Y que nos quieran. 

He aquí varias trampas, propias y ajenas:

1. La perfección no existe, es algo así como una idea que flota en el aire y que nadie ha visto.

2. La perfección es enemiga de ser tú misma; puesto que cuando intentas forzar algo que no “te sale” o “que no eres”; te alejas de tu esencia y de tu verdadero ser y, por tanto, te aleja de ser auténtica.

3. La perfección, aparte de no existir, es tremendamente subjetiva. Nunca vas a ser “perfecta” para todos, por lo que siempre querrás serlo más y nunca llegarás. Porque a toda la gente NUNCA les vas a gustar (y, un secreto: no tienes por qué hacerlo)

4. La perfección es enemiga de cambiar y mejorar: implica que no apreciarás tus progresos y avances en cualquier área, puesto que nunca vas a llegar al listón que pones, cada vez, más y más elevado e inalcanzable, porque me repito, la perfección NO EXISTE.

5. La perfección te aleja de estar bien; la perfección estresa, agobia, te hace sentir pequeña, te hace creer que no vales, que no mereces que te quieran, te debilita, te coarta, te enrabieta,… te hace tremendamente infeliz (a tí y a tu entorno más cercano e íntimo).

6. Y la palabra “encajar” siempre… es lo contrario a pertenecer. Encajar, implica dar “gusto al mundo”. ¿Y qué hay de tí? ¿Realmente te has preguntado si has elegido hacer todo lo que te fuerzas a hacer por el resto? Pertenecer, sin embargo es saber perfectamente en qué sitios eres bien recibida por ser quién eres, con todas tus peculiaridades, rarezas, gustos, virtudes y defectos: con tu alma y tu esencia; y también tu historia y entresijos. ¿Qué buscas mayoritariamente: encajar o pertenecer? 

Te voy a decir una cosa:

NO ERES PERFECTA.
Y NO LO VAS A PODER SER.
DEJA DE INTENTARLO.

PORQUE ERES ÚNICA
AL SER COMO ERES,
POR SER QUIEN ERES
Y MERECES MUCHO AMOR.
(sin más)

¿Te apetece alejarte de ese ansia de perfección? A mí, pensar estas cosas, me ayuda…

a.  ERES HUMANA: tienes un sinfín de aciertos al día y también, sí, te equivocas. Y en cada equivocación está la oportunidad de reconocer, enmendar, de ser humilde y de saberte vulnerable.  Permitirte tener fallos es el primer paso y NO PASA NADA, de verdad.

b. PRIORIZA: Elige aquellas cosas que puedes aprender (no tienes que saber todo), aquellas que realmente quieres hacer, tus responsabilidades prioritarias,… Y disfruta de ellas. Y, por supuesto, proponte alejar de tí los medios de comunicación, los productos, la presión social de llegar a todo… No, eso NO SOMOS.

c. NADIE ES PERFECTO: de hecho podemos empezar a eliminar esa dichosa palabra del vocabulario y que nos aleja de la versión de nosotras mismas.  Elige qué personas realmente se merecen el derecho a gozar de tí, de tu vulnerabilidad y de tu esencia. Ellas son las que no te juzgarán y estarán ahí.
Sé consciente de toda la cantidad de personas que no importan y que no merecen que te frustres, ni que te agobies por el hecho de qué pensarán o dejarán de pensar. Sus juicios no son importantes, ni definen lo que tú eres.

d. DA PASOS PEQUEÑOS: plantéate objetivos pequeños, cambios asumibles, reales. Esto en cualquier faceta de tu vida, en las que quieras. Y date el derecho de crecer personalmente, profesionalmente, como madre, hermana, pareja, como tú,… a pasitos, sin prisas, sin exigencias, con ternura, compasión (con pasión, también) y con quien de verdad importe, contigo.

e. PIDE AYUDA: muchas veces esperamos que las personas que tenemos cerca hagan las cosas sin pedirlas. Y si no las pedimos, ellas no lo saben. No des por hecho las cosas; PREGUNTA, PIDE y AGRADECE.

*En este artículo se utilizan palabras utilizando el genérico en femenino. Pero al igual que cuando utilizamos el masculino en genérico, me refiero tanto a ellos como a ellas. ¡Gracias!

Gracias por leer, siempre.

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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¡¡¡Que no se llora!!!
Sep22

¡¡¡Que no se llora!!!

¿Has visto o tienes cerca al “típico niño” que llora por prácticamente todo? te-lo-dije

Porque no le sale algo, porque alguien le dice que no, porque le quitan algo, porque quiere ver algo en la tele, porque quiere cenar otra cosa, porque le apetece una ‘chuche’, porque no juegan a lo que él quiere, porque no le dejan jugar, porque tiene que esperar, porque la sopa quema, porque está cansado, porque no le puedes coger en brazos, porque otro niño le ha gritado, porque no le dejan un juguete, porque le pegan, porque le ‘chinchan’, porque no consigue lo que quiere,…

Y además, su llanto parece ser de esos que se ‘clavan’ en los oídos y tienen la cualidad de cada vez que los oyes, solo consiguen que te en-rabietes y grites… “¡¡¡Qué dejes de llorar!!!, ¡¡¡Eres un llorón!!!” mientras te acercas muy enfadado  y con el dedo apuntando hacia tu hijo… ¿Te resulta esta escena familiar?

¿Para qué llora tu hijo? 

Tu hijo llora desde el nacimiento. A través de él te dice que “ha nacido” bien y hasta que es capaz de hablar te va informando de su estado. Si tiene hambre, sueño, pis/caca, si está asustado… Y nosotros, los adultos, vamos respondiendo a ese estado, generalmente, satisfaciendo esa necesidad y dando mucho cariño y amor. El llanto es una llamada de atención, que nos dice al adulto, ¡Eh, mi hijo necesita algo! Y corremos en su busca.

Conforme van creciendo, el llanto sigue siendo el primer recurso utilizado para mostrar el malestar, que puede venir de la fuente que sea; un objeto, otra persona, uno mismo… y también una respuesta al dolor, al miedo, etc. El llanto, como recurso para decir ¡algo me está pasando y no sé que hacer, solo sé llorar!

Identifica el tipo de llanto

Identificar el tipo de llanto del niño es fundamental para poder dar respuesta a él. No es lo mismo el llanto del dolor (por una caída, por estar enfermo,…) o del miedo (por temor a que ocurra algo desagradable) que el llanto por desear algo que no tiene, por que le digas que no, etc.

El primer tipo de llanto es necesario aliviarlo cuanto antes, porque es una NECESIDAD fisiológica y de seguridad. Y el niño necesita saber que donde está es sitio SEGURO.

El segundo, si siempre le cedemos la cara, por evitar el malestar del niño (y que nuestros oídos estallen) dándole lo que pide o prestándole toda la atención que demanda, le estamos mostrando que para hacer frente a su malestar y que le “solucionen” lo que ocurre, lo mejor que puede hacer es expresarlo (es como mostrarle que para qué va a aprender otras estrategias de hacer frente a las cosas, si puede llorar y más tarde o más temprano, con más o menos enfado,… logrará lo que quiere).

¿Cómo podemos actuar?

Lo primero y más importante es disponer de una(s) estrategia(s) y que las utilicemos SIEMPRE. La coherencia enseña más que cualquier cosa. Y, si a veces actuamos de una manera y otras de otra diferente, no dejaremos a nuestro hijo aprenderlo.

Somos humanos, nos equivocaremos y no pasa nada, porque tenemos claro lo que queremos y que sobre todo está el AMOR hacia el niño. Y admitirse imperfecto también ayuda al niño a hacer frente a muchas cosas.

Aquí van unos consejos para afrontar el segundo tipo de llanto (el de las rabietas, frustración, etc.)

1. AMAR, AMAR, AMAR. Y COMPRENDER que son niños y que necesitan tiempo y guía para aprender. Este es el principio y fin de todo.

2. Mantener la calma (El primero… ¡¡y el más difícil!!). Si el adulto se pone nervioso también… ¡se consigue es lo contrario a lo deseado!

3. Ofrecer instrucciones claras: “Necesito que te calmes para poder hablar contigo” Y por muy duro (para los oídos y persona) aguantar lo que dure el llanto, sin estar encima de él ni repetirle lo que ha de hacer… De vez en cuando con serenidad, podemos repetir “Necesito que te calmes para poder hablar contigo”.

4. Según la situación y el temperamento del niño este proceso puede tardar más o menos… (cuanto más estable sea esta respuesta, menos tiempo durará cada vez la rabieta). Cuando está calmado, sin enfados, nos acercamos e intentamos hablar de lo que ha pasado. Expresar las emociones es FUNDAMENTAL y hablar de cómo nos sentimos (ellos y los adultos).

5. Ofrecerle una alternativa. Cuando te vuelva a pasar, ¿qué puedes hacer en vez de llorar? (A fin de cuentas el primero que no está bien cuando llora es el propio niño).

6. AMAR, AMAR, AMAR. Y COMPRENDER que son niños y que necesitan tiempo y guía para aprender. Este es el principio y fin de todo.

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

Nota: En el texto, se utiliza el masculino para referirnos tanto al sexo masculino como femenino, para evitar la repetición excesiva de niños/as; hijos/as, que se haría muy extensa.
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Reflexiones para el inicio de curso…
Sep01

Reflexiones para el inicio de curso…

libro blanco¡Se acabó el verano! ¡Pronto empiezan los coles! Y todo vuelve a su rutina, a ratos necesaria, a ratos esclava, a ratos… Pero sí parece que todo se “ordena” un poco: horarios, comidas, actividades, trabajo… Con ello pueden llegar fuentes de estrés para padres y niños y podemos, en ocasiones, perder los nervios con los pequeños, con nuestra pareja, con nosotros mismos, etc.

Y pensaba, una vez más, en el ejemplo que damos a nuestros hijos/sobrinos/nietos/alumnos,… El niño es una esponja y no solo en cuanto a los aprendizajes más intelectuales, si no que son esponjas para todo y muy sensibles a lo que ocurre en el entorno, aprendiendo más de los hechos que de las palabras (el aprendizaje por imitación es uno de los primeros que tiene lugar y se mantiene en el tiempo).

Los niños vienen al mundo porque la naturaleza, los genes, la casualidad (y todo lo que cada uno crea) así lo quiere. Y desde el momento en que los padres (y demás familia) lo reciben en brazos, empieza la tarea de “moldear la figura” (¡¡qué responsabilidad más grande!!), de ir mostrándole aquellas cosas que serán beneficiosas para él y que no perjudican a los demás, de que adquiera aquellos hábitos necesarios para la supervivencia y el bienestar, que adquiera responsabilidades, que aprenda a asumir las consecuencias de sus acciones, de AMARLE y COMPRENDERLE mucho,… De tener PACIENCIA (es un niño). Y depende de como los adultos le tratemos y le “moldeemos” adquirirá unos u otros hábitos, aprenderá a desenvolverse de una u otra forma, realizará sus responsabilidades (o no), será autónomo (o no), etc.

Podemos decir que el niño “viene de serie” con su carga genética y con un temperamento, que puede hacer más sencilla o más laboriosa la tarea educativa. Solo vienen con esto, en todo lo demás los niños vienen como un libro en blanco, que tenemos que ayudarles a ir rellenando (otra vez, ¡¡cuánta responsabilidad!!). Y, en función de cómo lo vayamos haciendo, él irá respondiendo y aprendiendo. En fin, que los adultos (padres -o tutores legales-, demás familia y posteriormente, los educadores,…) tenemos un papel muy importante en el desarrollo de esa figura, de ese libro, de esa personalidad. Y tenemos que asumir este papel, no podemos obviarlo.

Entonces, con estas líneas previas,… me planteo…

Si al niño,

Le amamos,… aprenderá a amar
Le cuidamos,… se sentirá seguro
Le dejamos experimentar,… se sentirá autónomo
Le ofrecemos alternativas,… aprenderá a tomar decisiones libremente
Le damos responsabilidades (ajustadas a cada edad)… valorará el trabajo
Le respetamos,… aprenderá a respetar
Le permitimos cometer errores,… aprenderá que equivocarse permite aprender
Le decimos que NO,…aprenderá a tolerar la frustración y que no todo es posible 
Le ponemos límites,…sabrá qué puede hacer y qué no
Le escuchamos (sin prisas),… aprenderá a escuchar a los demás
Le abrazamos,… aprenderá que el abrazo puede ser la mejor cura
Le damos tiempo para aprender,… respetará sus tiempos y también los tiempos de los demás
Le hablamos sin gritar,… no gritará
Le enseñamos a esperar,… aprenderá a ser paciente
….

Y así, con todo…

En cambio, si al niño,

Le gritamos (aunque le digamos que no se hace),… demandará las cosas gritando
Le damos algún cachete (aunque le digamos que no se hace),… pegará
Le damos lo que quiere (para evitar “numeritos”),… aprenderá que pataleando consigue todo
No le ponemos límites,… hará lo que quiera y se sentirá perdido
Le metemos prisas siempre,… se pondrá nervioso
No le dejamos probar a hacer cosas,… se sentirá dependiente e inseguro
Le amenazamos para que haga las cosas,… Amenazará y temerá
Usamos indiscriminadamente los castigos,… no sabrá qué hacer y qué no
Reforzamos unas veces sí, otras no, pasamos,… no sabrá lo que se espera de él y cómo actuar
Le hacemos todo,… no valorará ni actuará con responsabilidad y creerá que merece todo “porque sí”
Le cuestionamos nuestro amor (utilizando chantajes, negando besos, abrazos…),… se sentirá inseguro y vulnerable
Le criticamos/reprochamos todo lo que hace mal,… criticará y su autoestima no será alta

Y así, con todo… Lo  bueno y lo malo

La pregunta es: ¿Cómo quieres ir escribiendo en ese librito?

Recuerdo este anuncio… que dejo por aquí.

Seamos conscientes de nuestra humanidad y de los errores que cometeremos. Ellos nos ayudan a hacerlo de otra forma.

Seamos conscientes de la RESPONSABILIDAD que tenemos a la hora de educar a los pequeños, será la que nos ayude a evitar aquello que no deseamos hacer.

Y AMEMOS-LES, mucho. Nunca será demasiado.

¡Feliz Septiembre a todos!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

Nota: En el texto, se utiliza el masculino para referirnos tanto al sexo masculino como femenino, para evitar la repetición excesiva de niños/as; hijos/as, que se haría muy extensa.
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Fin de curso. Las notas escolares.
Jun17

Fin de curso. Las notas escolares.

notasimagenYa está finalizado el curso escolar. Y empieza un período merecido por los escolares. Las vacaciones. Y con ellas llegan las notas de fin de curso. Las “sobrevaloradas” calificaciones escolares. Hoy, hablamos un poco sobre ellas.

¿Qué son las notas?

Las notas son un conjunto de números (1-10) o letras (insuficiente, aprobado, bien, notable,…) que, tratando de ser lo más objetivas posibles (esto es complicado) valoran, habitualmente, los conocimientos de un escolar en las asignaturas. En algunas se incluyen también aspectos procedimentales o actitudinales.

¿Cuánto importan las notas?

Desgraciadamente, para la sociedad tal y como la tenemos constituida, parece que importan mucho. Hay estudios universitarios que exigen una nota muy alta y otros que no… Y parece erróneamente que unos estudios son mejores que otros, cuando lo único que ocurre es que preparan para profesiones diferentes. Las oposiciones al final quedan en una nota,… Parece que el que tiene un 10 sabe más que el que tiene un 5. Cuando muchas, muchas veces, no es así. No es justo. En las notas, nosotros tenemos un papel muy importante y, como en todo, se lo transmitimos a nuestros hijos/as.

¿Cuánto te importan las notas?

Te animo a que te hagas esta pregunta. Y reflexiones también en la importancia del esfuerzo. Muchas veces exigimos y premiamos las notas altas, en vez del esfuerzo realizado. Demasiadas veces pasamos por alto el esfuerzo realizado cuando no traen esa nota tan alta. Solo nos quedamos, al final, en las notas. Y las notas solo son números o palabras. Lo verdaderamente importante es el esfuerzo, lo que pone de sí mismo en el día a día escolar,… y tras el esfuerzo,… lógicamente, vendrán los resultados. Y no al revés. Si nos quedamos en la crítica o refuerzo de la nota, valoramos sólo el resultado en vez del proceso, ¿Acaso queremos “dieces” sin esfuerzo? ¿Verdad que no?.

Ahora bien, realmente ¿qué son las notas?

Tomando como referencia la definición anteriormente dada, las notas son un conjunto de números o palabras (más o menos objetivos) que reflejan el resultado de la valoración de los conocimientos (en su mayoría) en las asignaturas. De acuerdo. Pero ese resultado NO es sólo cuestión de lo que la persona ha hecho (o ha estudiado). Si no también esas notas son el resultado de lo que los padres y educadores han hecho también. Todo está en interacción constante. En función de cómo nosotros los educadores pensamos, valoramos, sentimos y actuamos, influimos en el escolar (en su estudio, en la valoración de sus capacidades y en su desarrollo en general). Por tanto él no es el único responsable de “las notas”. Educadores y padres tenemos también nuestra responsabilidad que, según la ejerzamos, estaremos ayudando o no a que el escolar valore el esfuerzo y los procesos que sigue académicamente y personalmente. Reflexionemos sobre ello. Y por favor, empecemos YA a reforzar el ESFUERZO y sí, reforcemos una nota de 4 si ha habido esfuerzo real en la preparación de dicho examen. Y premiemos un 10 y un 5 de la misma manera si el esfuerzo invertido ha sido adecuado. #Cambiaelchip Ahora, es el mejor momento para empezar a cambiar.

Recursos recomendados. Os dejamos dos enlaces:

1. Una entrevista a la Psicológa Ángela Magaz (Grupo ALBOR-COHS) en la que se le pregunta sobre este tema. Lo puedes escuchar aquí

2. Un vídeo de Youtube, recomendado por ella, que refleja cómo puede cambiar todo en función de las reacciones de los adultos. Lo puedes ver aquí 

Y, por el momento esto es todo.

Sé que las notas son un tema algo “puntiagudo” y por eso me encantaría leerte si quieres comentar algo al respecto.

¡Gracias por leer!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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¿Soy consciente (o no tanto) de cómo estoy educando?
May25

¿Soy consciente (o no tanto) de cómo estoy educando?

A man walking and pointing while carrying an arrow the points the opposite direction

Educar no es una tarea fácil. Ni sencilla. Y en ocasiones podemos pensar que es una tarea poco gratificante.

Educar no implica ser robots y funcionar bajo unas reglas automáticas; puesto que somos seres y personas cambiantes y las situaciones también cambian. Por lo tanto, educar requiere de mucha capacidad de adaptación. Y muchas veces, puede costarnos dicho proceso adaptativo.

Educar es una responsabilidad que abarca un período de tiempo muy amplio. Hasta que los hijos/as adquieren las habilidades necesarias para desenvolverse con éxito en la vida. Con todo lo amplio que, en este contexto, conlleva la utilizada palabra “habilidades”.

Educar es guíar, acompañar y enseñar lo que se puede hacer y lo que no. Educar es aprender constantemente. Es tener un plan claro y lo más consensuado posible entre los padres/tutores. Educar supone coherencia y estabilidad de las cosas en el tiempo (para que se asienten y perduren).

Educar es decir que NO y poner límites.

Educar es sobre todo, AMAR. Pero ese AMAR no significar tener que decir a tu hijo que “sí” a todo.

Educar es tener PACIENCIA. Los niños necesitan TIEMPO para aprender. ¿Cuánto? El que cada uno, dentro de su individualidad, necesite.

Educar es COMPRENDER. Todos, y los niños también, nos equivocamos, podemos actuar y pensar de diferente manera, a ritmos diferentes,… Y comprenderles de verdad (sin poner “peros”) es fundamental.

Esta aventura no es nada sencilla pero puede ser la más maravillosa. Y es una aventura en la que equivocarse es natural y es recomendable saberse humanos y no perfectos. También es una aventura en la que intentar no podemos perder el objetivo final; que es dotar de herramientas y recursos a una “personita” para que pueda desenvolverse con éxito en las diferentes situaciones que le irá “poniendo” la vida.

Me gustaría así, en este punto, comentar tres de los errores que solemos cometer y que, en ocasiones, podemos pasar por alto, porque son inadvertidos para nosotros y es importante que nos paremos a reflexionar un poco sobre ellos.

1. EJEMPLO. El conocido dicho de “Una imagen vale más que mil palabras” es una “ley educativa”. Resulta incoherente decir a un niño “¡¡No grites!! (y decírselo gritando)”, decirle que “Tiene que ser paciente y esperar su turno (y nosotros en el coche ponernos nerviosos mientras esperamos a que el semáforo se ponga en verde)”, o que “No se habla mal de los compañeros (y en la cena comentar a nuestra pareja lo cínica que es la jefa)” o insistirle en que “no llore cuando le cuesta hacer algo (y nosotros dar un golpe al ordenador cuando no nos sale bien el excel)”,…

Seguro que en estos ejemplos lo vemos claro y podemos percibir también lo difícil que es, puesto que el ejemplo se atribuye a todas las facetas de la vida. Cuanto más alineado esté lo que decimos con lo que realmente hacemos (nuestra forma de responder a las situaciones), más interiorizará el niño esas formas de proceder. De lo contrario, a la palabra prevalece el ejemplo. SIEMPRE.

2. AMENAZAS INCUMPLIDAS. ¿Cuántas veces al día nos descubrimos amenazando con castigos que nunca llegamos a cumplir? Si no te has parado a pensar en ello; obsérvate durante un día e intenta contabilizarlas. Cada vez que mal-utilizamos un castigo en forma de amenaza, pierde su valor. Y además transmitimos al niño que “puede hacer lo que quiera” porque al final siempre se sale con la suya.

Los adultos (o la mayoría) somos conscientes de que todo lo que hacemos tiene sus consecuencias para nosotros y muchas de ellas también efectos sobre los demás (si cumplo con mi trabajo, cobro a fin de mes. Y si, por ejemplo, trato mal a una persona, ésta puede que no vuelva a llamarme o a querer contar conmigo). Los niños también tienen que aprender que lo que hacen tiene consecuencias para ellos y efectos en los demás, y que para actuar hay que valorar ambas cosas. Y este aprendizaje no tiene lugar si solo amenazamos, amenazamos, amenazamos y no hay consecuencias cuando se comporta inadecuadamente. De hecho favorecemos que se siga comportando inadecuadamente.

3. REPROCHAR TODO LO QUE SE HACE “MAL”. Introduzco el término “mal” entre comillas ya que hacer algo “mal” es muy relativo; y depende mucho del baremo de cada uno, ¿o no? Pero bueno, dejando esto quizá para otra entrada, reflexionemos sobre las veces que corregimos, criticamos, reprochamos comportamientos al niño (“no hagas eso así, te dije que, eso no se hace, así no, come bien, te he dicho mil veces que…”). Te invito a que también te auto-observes durante un día e intentes contabilizarlas.

Cada vez que corregimos, criticamos, puntualizamos, reprochamos,… estamos pasando por alto la maravillosa oportunidad de reforzar todo aquello que hace bien (que son muchísimas cosas). Nos estamos centrando en lo que hace mal en vez de en lo que hace bien. Algo injusto, ¿no? 

(Imáginate que lo hacen contigo. Que tienes al lado alguien que está gran parte del día corrigiéndote, reprochándote y puntualizando lo que dices, haces o piensas,… Y además muchas veces lo hace desde su opinión y no desde hechos… Frustrante, ¿verdad?)

Esto no significa que no corrijamos al niño. Claro que le tenemos que corregir y guiarle en cómo se hacen las cosas y en qué cosas son buenas para él y cuáles no. Pero de ahí a todo el día estar con el “ojo puesto” centrándonos en todos los errores para poner la “puntilla” hay mucho camino, ¿no os parece?

Hasta aquí llegamos. Hay suficiente material para reflexionar. Te invito a hacerlo y a que si lo ves necesario, intentes cambiar aquellos aspectos que veas que te pueden ayudar a mejorar la relación con tus hijos.

Y si te apetece comentar o señalar algo, ¡es bienvenido!

¡Muchas gracias por leer!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo

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Consejos para la carta a los Reyes Magos
Dic02

Consejos para la carta a los Reyes Magos

Llega la NavRegalos mutuosidad (bueno, en las tiendas llegó ya hace un mes…) y con ella parece que aflora la mayoría de la gente y los más pequeños la ilusión, la alegría y la fraternidad. Todo esto está presente todo el año, pero es cierto que en estos días todo invita a que estos bonitos sentimientos afloren un poco más.

Con todo ello, llega la maravillosa inocente ilusión de los pequeños por la llegada de Papa Noel y de los Reyes Magos: regalos que por arte de magia  llegan al salón de casa. Y, ¿cómo podemos ayudarles, nosotros, a hacer esta carta de peticiones?

Aquí van una serie de consejos para tratar con ellos:

1. Hazles conscientes (adaptado a las edades) de que hay niños que no tienen muchas de las cosas que ellos pueden disfrutar. Esto les ayudará también a ponerse en el lugar del otro. Si ya tiene más de 6 años, podéis imaginar juntos cómo sería la carta de uno de esos niños (para que pueda entender mejor la diferencia de situaciones). También así se trasmite una forma de estar agradecido por lo que se tiene y por las situaciones que se vive.

2. Explicarles que los Magos, al llevar juguetes a los hogares, no pueden traer juguetes infinitos a cada niño, por lo que limitar la carta a 4 o 5 peticiones es más que suficiente. Así también trabajamos con ellos el que vayan tomando decisiones.

3. Animarles a que prioricen en la lista: primero, aquello que les apetece mucho y luego lo que les apetece menos.

4. Que escojan algunos de los juguetes que ya no utilizan y que estén en buen estado, para llevarlos con ellos a algún sitio de recogida y así que otros niños puedan disfrutar de ellos. Esto ayudará a que pueda valorar lo que tiene y lo que quiere.

5. En la carta, puede incluir, por ejemplo, la petición de una cosa para sus hermanos y padres. Algo que piense que les puede hacer ilusión. Y así les damos la opción de pensar en los demás.

6. Resulta muy excitante para ellos la entrega en persona de la carta a los Magos o a Papá Noel, por lo que esa tradición es ilusionante mantenerla.

Y, aquí, añadimos algunos consejos para los Reyes Magos (o Papá Noel): 

a.) Limita los regalos de tecnología. Son mucho más recomendables los juegos de mesa o juguetes en los que pueda jugar con otras personas y crear situaciones sociales con otros.

b.) Estudia bien las edades recomendadas de los juegos así como que los juguetes sean adaptados a las características del niño en cuestión.

c.)  Limita el número de regalos por niño. Dos o tres a lo sumo.Que le hagan ilusión, claro. Pero ilusión por más por el juego en sí, que por la cantidad de juguetes recibidos. Así no contribuiremos a la acumulación de juguetes (que ni se usan) en las habitaciones y mostraremos la importancia de valorar y de disfrutar de los regalos.

d.) Siempre que sea posible, jugar con los niños. Es bueno que aprendan a jugar y a entretenerse solos, por supuesto. Pero si les han regalado juegos para jugar en familia o con amigos, es mucho más positivo que se creen ratos para disfrutarlos.

e.) Si finalmente se regala tecnología, limita los tiempos de su uso. Y controla a lo que se dedican cuando están utilizándola (control parental, aplicaciones, juegos, navegación por la red…)

Y, hasta aquí, nuestras recomendaciones para estos días. Esperamos que sean de utilidad y ya sabéis, ¡cualquier comentario es bienvenido!

Gracias por leer. 

Un abrazo y ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo.

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