El móvil y los niños. Edades y recomendaciones
Nov03

El móvil y los niños. Edades y recomendaciones

Que nuestro hijo tenga móvil, sin duda, supone una tranquilidad para los padres. Y un riesgo para ellos. Lo repito, porque, dependiendo de la edad puede ser UN RIESGO muy grande para ellos.

Respondamos a algunas cuestiones que se plantean en torno a este tema.

¿Qué hay en torno al móvil?

Los niños nacidos, fundamentalmente, en estos últimos 15 años años han tenido acceso a muchísima tecnología desde que han sido pequeños incluyendo los juegos y vídeos en el móvil (al comer, cuando queremos que esté tranquilo, cuando le dejamos jugar un rato,…), asociándolo al ocio desde que tienen uso de razón. Cuando van creciendo ven nuestro ejemplo… adultos la mayoría pegados al teléfono, hablando con gente, intercambiando chistes,… buscando lo que queremos en Internet,… y teniendo intimidad porque hay ciertas parcelas a las que no queremos, ni les dejamos que accedan. Y además tenemos autonomía absoluta, porque ‘hago lo que me apetece con el móvil’.

El móvil, por tanto, es un aparato muy atractivo para los niños desde edades muy tempranas.

¿Cuándo puede tener un móvil? 

Si le preguntas al niño, te lo va a empezar a pedir desde que tiene 8 años prácticamente.

Si le preguntas a los padres, quizá respondamos que hasta los 12 seguro que no (o hasta que se lo regalen por la comunión -si la hace-). Otros, que hasta los 14,… y, en la mayoría de los casos, “caemos” antes. Es verdad que a los padres, nos da mucha tranquilidad que tenga móvil cuando empieza a “salir”, porque así podemos saber dónde está, cuándo va a llegar, etc.

Si le preguntas a alguien que se dedique al campo educativo o de la psicología educativa probablemente te dirá que nunca antes de los 14 y más recomendable los 16 años para tener un móvil con todas las prestaciones.

¿Por qué puede ser peligroso el móvil? 

Cuando se le suele dar el primer móvil al hijo, puede ser uno nuestro (que hemos cambiado) o directamente le compramos uno nuevo. Pero estos móviles que suelen ser de la última generación ya van con todas las funcionalidades: internet, whatsapp, facebook, aplicaciones para descargar,… Lo tiene TODO. Además del hecho de que lo pagan los padres,… supone de pronto todo un mundo de posibilidades para nuestro hijo. Un mundo de posibilidades que HAY que SABER utilizar e interpretar. Y con 12 o 14 años, NO se está preparado. NO.
Así, se ve de pronto con una forma de comunicarse muy atractiva y que puede ser dañina para él y para los demás. Para utilizar tantas prestaciones es fundamental el RESPETO hacia uno mismo y hacia los demás y la conciencia real de lo que está bien y lo que no. 

Las redes sociales y los dispositivos móviles confunden a los ‘pre’ y adolescentes porque da la sensación de que se puede decir cualquier cosa, dando igual las consecuencias. Y hoy, los insultos, los casos de acoso a través de las redes sociales están también muy presentes. El móvil hay que saber utilizarlo.

Y también es responsabilidad nuestra enseñarles.

Entonces, ¿cómo podemos hacer? 

Desde mi experiencia aconsejo que cuanto más retrasemos el hecho de que nuestro hijo tenga móvil, mejor.

Cuando decidamos darle un móvil, no tenemos por qué darte un móvil de última generación. Uno con el que solamente pueda llamar es suficiente por si tiene alguna dificultad o para que nosotros nos comuniquemos.

Y, ¿qué ocurre cuando sus amigos si lo tengan? Nuestro móvil pueden utilizarlo bajo nuestra supervisión. Es decir si crean un grupo en su clase, pueden incluir nuestro móvil. O si quiere hablar con alguien, también. Y si tiene dudas de algo en concreto, puede llamar. Igual que es aconsejable que el ordenador comparta un lugar común a todos en la casa, lo mismo con el teléfono móvil.

Tenemos mucha responsabilidad los padres con nuestros hijos. Esta está incluida. Enseñarles cómo relacionarse adecuadamente a través de este tipo de dispositivos, es básico para su desarrollo. Como también lo es que no crean que todo les llega “porque sí”; sino que todo lo que se quiere cuesta un esfuerzo. A nosotros nadie nos regala nada. Cuesta trabajo y esfuerzo. Este valor también hay que transmitirlo.

Por otro lado, es necesario que nuestro hijo sepa bien lo que supone el respeto y la autoestima. Cuantos más recursos personales tenga para hacer frente a situaciones de la vida, mucho mejor para él y más tranquilidad para nosotros.

Ya tiene móvil, ¿ahora qué? 

Los responsables somos nosotros y podemos limitar su uso a un uso razonable. Puede NO llevarlo al centro escolar y se puede limitar su uso en casa a ciertos momentos tras la realización de tareas y estudio.

En definitiva, la decisión de darle un móvil a nuestro hijo es una decisión muy importante, y no hay que tomarla a la ligera o porque “toca”.

¡Gracias por leer!

 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicopedagogiapardillo.es

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Hablando claro sobre el Déficit de Atención
Sep05

Hablando claro sobre el Déficit de Atención

Últimamente estoy leyendo bastantes noticias que, desde mi experiencia y formación profesional, considero que lo que más hacen es confundirnos y favorecen que demos “palos de ciego”, acudiendo a más fuentes no verificadas y no contrastadas.

Contribuyen más a la desinformación y al caos, que a tratar de ayudar y de vislumbrar “luces” en este terreno que afecta a bastantes personas y sus familias.

Algunos ejemplos son:

  • Las fuentes que se hacen eco de las voces que defienden que el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad no existe. El TDAH existe. Una verdad es que las farmacéuticas se benefician mucho de esta condición biológica, ya que en la mayoría de los casos lo primero que se hace es recetar la medicación. Este hecho es criticable y, en muchos casos yo he visto como dicha medicación más que ayudar al escolar, le perjudicaba. Otra cosa muy diferente es cegarnos por esa “lucha” contra el negocio que la industria desarrolla en torno a la hiperactividad (y, en general, con todo) e ir afirmando que esta condición es “un cuento chino”. NO LO ES. Existe y AFECTA. Y hay que estar pendientes, detectarlo, identificarlo y abordarlo de la manera más adecuada.

  • Las fuentes que, con sus escritos afirman que las personas con esta condición serán, prácticamente, futuros delincuentes, adictos a todo tipo de sustancias, … Totalmente FALSO. Relacionar esto es terriblemente peligroso, porque no tiene nada que ver. El hecho de tener la condición de Hiperactividad no supone causa alguna para presuponer que se va acabar en esas situaciones. ES UNA TRAMPA. 1) El futuro de las personas es impredecible. 2) El futuro de las personas se ve influenciado por lo que vaya ocurriendo en su vida, por las oportunidades, las respuestas que vaya teniendo de la sociedad y demás factores. 3) Aún conociendo que las circunstancias no son favorables o 100% compatibles con un futuro algo más “acomodado”, anticipar y tener estas expectativas lo único que hace es favorecer a que se cumplan. Por lo que este tipo de afirmaciones son tremendamente dañinas para el escolar y para todo su entorno. Acabemos con ellas, no les demos más voz. 

  • Las fuentes, son las menos, que dejan entrever que el TDAH aparece, de repente. El Déficit de Atención, ya sea con o sin Hiperactividad, es una condición con la que se nace. Y los comportamientos y características que la definen aparecen desde que el niño es pequeño. No aparecen cuando el escolar tiene 13 años o 20. Es algo biológico, como quien nace con un color de ojos u otro. Si es cierto que hay adultos o adolescentes con TDAH que se detectan a esa edad, pero lo han sido desde siempre, lo que ocurre es que no se detectó antes. Las personas que nacen con alguna de las condiciones de TDAH o inatención, la tendrán toda su vida. No es ninguna enfermedad que haya que curar. Es una condición que hay que atender a nivel escolar, familiar e individual. El sistema no está adecuadamente preparado para responder a las necesidades de estos escolares y, muchas veces, a nivel familiar ocurre lo mismo y se le responde de manera inadecuada. Por lo que hay ayudar a que el sistema y las familias se adapten a estas características y las manejen adecuadamente. Y, a su vez, entrenar al escolar en las habilidades atencionales para que pueda ir responder al sistema también. Es un trabajo a todos estos niveles. No se puede trabajar solamente en uno, porque entonces no será todo lo coherente que se necesita.

  • Aquellas fuentes que apoyan que la Inatención e Hiperactividad son lo mismo y se abordan igual. Esto lo traté ya en un artículo anterior por si quieres verlo en mayor profundidad. ¿Cómo explicamos que es lo mismo cuando, sin entrar mucho en detalle, a la persona con hiperactividad le cuesta mantener la atención, se mueve en exceso y tiende a actuar de manera impulsiva, mientras que la persona con inatención tiende a mostrar lentitud para moverse, para realizar las acciones, sea cuales sean? Estas manifestaciones son totalmente diferentes, por lo que no pueden ser abordadas igual.

¿Conoces alguna otra información de este tipo? Házmela llegar si quieres.  Y si tenéis alguna duda a este respecto, no dudéis en contactar conmigo.

De la misma manera si alguien quiere conocer las fuentes a las que aludo en el texto, se las puedo hacer llegar. No las adjunto en esta entrada puesto que lo que pretendo es que ese tipo de desinformación no se siga distribuyendo y si las enlazo, las estoy distribuyendo yo misma.

Espero te ayude y si te parece interesante, lo hagas llegar a quien quieras.

¡¡Seguimos!! ¡¡GRACIAS!!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicope2-cp163.wordpresstemporal.com

 

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Nos separamos, ¿y nuestros hijos?
Jul14

Nos separamos, ¿y nuestros hijos?

Ocurre. A veces la pareja considera que ya ha intentado todo para continuar con la relación y arreglar lo que está fallando, pero no es posible. Y se ven en la necesidad, de separarse, de romper la relación de pareja.

Si no hay hijos, el hecho de separarse, a pesar del dolor y duelo que genere a cada uno, puede resultar algo “más sencillo”, puesto que no hay descendencia común de la que ambos son responsables.

Pero si hay hijos puede complicarse por el hecho de que, sí o sí, va a tener que continuar la relación y comunicación entre ambos. Además los hijos merecen y tienen el derecho a estar y disfrutar con los dos.

Me gustaría diferenciar antes algunas situaciones, entre otras, que se pueden dar en los procesos de separación:

  • Que sea una decisión de mutuo acuerdo. Es decir, que ambos hayan decidido que lo mejor es dejar la convivencia y la relación de pareja. Esto, en principio, si también las cuestiones legales están claras, puede augurar que haya una relación cordial entre ambos.
  • Que no sea una decisión de acuerdo. Esto que es que uno de los dos lo haya decidido firmemente y el otro no quiera por las razones que sea. Esta situación a priori, hace más probable que no cesen los reproches, que los aspectos legales sean una lucha, que el camino no sea nada sencillos y que la existencia de una relación cordial sea tarea más que compleja.

Por supuesto hay muchos matices entre estas dos situaciones, pero ya habría que ver cada situación en profundidad.

Que la separación sea más “amistosa”, en principio, ayuda a que el camino de transición con los hijos sea más sencillo. Si es el caso de una separación por decisión unilateral, la hace, probablemente, más difícil, pero no imposible.

Quiero concretar que en este escrito me refiero a aquellos casos en los que, de forma general, no haya una problemática añadida como puede ser: adicciones (drogas, juego, etc.), malos tratos, o cualquier otra situación más drástica.

¿Qué podemos hacer para que los hijos no sufran más de lo “necesario”?

  1. No mentirles ni ocultarles la verdad. Ellos saben perfectamente que algo ocurre y, muchas veces, les intentamos ocultar lo que ellos perciben que pasa. Si ven discusiones frecuentes en casa, si ven que ya no se duerme en la misma cama (en caso de que antes se hiciera), si ya no se hacen actividades en familia,… los niños se dan cuenta de que está pasando algo raro… y es mejor contarles ambos las cosas adaptadas a su entendimiento. Eso sí, ¡contarles cuando la decisión esté firmemente tomada! No les ayudamos con la duda de: “ahora nos separamos, ahora no”. Una vez que lo tengamos claro, contárselo.
    Mientras tanto, intentar si hay discusiones o hay cosas que aclarar que sea en la intimidad de la pareja, y no delante de ellos. Ellos no tienen por qué ser testigos de reproches o de las faltas de cada uno.
  2. Tener clara la prioridad. Trabajar lo más conjuntamente posible en el momento de compatibilizar el interés propio que nace de las situaciones de separación con el hecho de que lo prioritario, lo que ambos padres desean, es que los hijos padezcan lo menos posible consecuencias negativas derivadas de esta, frecuentemente, desagradable situación. Se trata de hacerles, lo menos incómodo posible, el proceso; ofrecerles las soluciones (dos casas,  o períodos de tiempo con cada parte,…). Que nunca duden del amor de los padres hacia ellos y que nunca se puedan sentir responsables o culpables de lo que está ocurriendo. Los únicos responsables son los adultos.
    Si esto no es posible porque la situación es más “fea”, tener un mediador que sirva de nexo común. Teniendo y trabajando cada uno en que NO está bien usar el menor para hacer daño a la otra persona.  Esto es fruto de la frustración y el resentimiento y solo provoca más sufrimiento.
  3. Llegar a acuerdos. En los tiempos y formas de estar con los hijos. Si es posible, acordar unas pautas educativas comunes que sirvan de dirección para ambos. Esto ayudará mucho a los niños a sentir seguridad y a saber que hay hábitos y normas comunes en ambos sitios y con ambos padres. Del mismo modo, los compromisos y pactos, cumplirlos. Es importante que la base sea sólida, para evitar más enfrentamientos y que en esto haya confianza entre ambos.
  4. No hablar mal de la ex-pareja delante de los niños. Esto es fundamental. Hablar mal o criticar a la otra persona delante de los niños solo provoca daño e inseguridad en ellos. Y si sucede en repetidas ocasiones, es posible que aprendan que, al decir algo del padre/madre, el adulto se ponga a criticar al otro y así los niños puedan lograr lo que uno no les deja, o desviar la atención a otra cosa,… Es totalmente recomendable que lo que haya que hablar lo hablen los adultos, y no con los niños. Ellos no tienen esa responsabilidad, no se la carguemos nosotros.
  5. Los hijos no son “moneda de cambio”. Tener claro que los hijos quieren a sus padres por encima de todo. Eso no va a cambiar. De esta manera, hay que evitar posibles “chantajes” derivados de querer pasar más tiempo con ellos, o del miedo a que nos “dejen de querer” porque pasamos menos tiempo del deseado con ellos y darles todo lo que pidan. Educar y enseñar normas y hábitos no está reñido con pasar tiempo divertido juntos, aunque éste sea limitado en determinadas épocas del año.
  6. Respetar a la otra persona como ex-pareja y madre-padre de nuestros hijos. Se puede mantener una relación cordial y respetuosa con quien fue nuestra ex-pareja, por el bien común y, sobre todo, por el de los hijos. Hay que tener los límites entre ambos claros y buena voluntad que se deriva del hecho de ver a los hijos bien.
  7. Saber darse tiempo. El duelo o no de la separación es de cada uno y es personal. Por tanto respetar este tiempo de cada uno será básico para que luego, más adelante, se llegue a esa relación cordial deseada por el bien de los hijos/as.
  8. ¿Y si aparece una nueva pareja? Cuando esto ocurra, es el padre o madre quien ha de comunicarlo y contárselo a la ex-pareja y a los hijos. También, de la misma manera, es quien debe compartir con su nueva pareja cómo la situación y acuerdos con la ex-pareja, para que pueda sumarse a dichos acuerdos, si es posible. Hacer las cosas sin la intención de dañar a la otra persona es básico.
  9. Pero,¡¡no es nada fácil!! No, no lo es. Cuando sea muy complicada la comunicación entre la ex-pareja, la figura del mediador es fundamental, partiendo siempre del principio básico y fundamental de que ambos padres aman a sus hijos y desean que estén bien. Muchas veces, gracias a esa base, todo lo imposible, se vuelve complicado, para hacerlo cordial y posible. En estas situaciones, pedir ayuda, por tanto, es básico para la convivencia de los niños con los adultos y para que todo se desarrolle de la forma menos mala.

Si lo has leído, ¡ojalá te ayude y te haya gustado! Puedes compartirlo, comentarlo,… ¡todo es bienvenido!

¡Muchas gracias! 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicope2-cp163.wordpresstemporal.com

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…De las dudas Educativas…
Jul05

…De las dudas Educativas…

¡Buenos días!

A través de la página de Facebook (https://www.facebook.com/ConsultoraEducativa2012) propuse la iniciativa de que los seguidores de la página que quisieran plantearan sus dudas educativas con este vídeo:

Agradezco la participación en esta iniciativa y empezamos a contestar a las preguntas que proponen.

  1. Sobre la concentración. 

 

2. Sobre las rabietas.

Próximamente habrá más…

¿Te apetece dejar tu pregunta? ¡¡Participa!!

 

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicope2-cp163.wordpresstemporal.com

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¡¡Qué me atiendas!!
Jun20

¡¡Qué me atiendas!!

Utilizo el genérico  femenino para referirme, siempre a ambos sexos.
En este texto,me estoy refiriendo a cualquier niña que no tenga

la condición déficit de atención con o sin hiperactividad.
Por supuesto, en estos casos resulta todo mucho más complejo.

 

¿Cuántas veces te descubres gritando a tu hija porque no te atiende como tú quieres que te atienda?

Ya sea haciendo sus deberes, cuando le hablas y no te escucha, cuando vais por la calle, cuando hay que cenar, cuando…

Hoy, simplemente me gustaría invitarnos a reflexionar sobre la atención…

¿Cuánto de atenta estás tú? Sí, una pregunta algo rara. ¿Cuánto de atenta estás tú cuando tu hija cuando te habla? ¿Cuánto de atenta estás tu cuando estás viendo la televisión? ¿O cuándo vas conduciendo y no puedes dejar de mirar el móvil? ¿Cuándo estás con la tablet/el ordenador? ¿Cuándo estás pensando en tus cosas? ¿Cuándo estás trabajando? ¿Cuándo me hablas y estoy con el whatsapp? ¿Cuándo tomamos café y estoy pendiente de si el móvil me da alguna alerta?,…

¿Realmente estamos con la atención plena en algo? ¿Sabemos ya las personas estar atentas a algo? Y lo que es más difícil… ¿podemos mantener esa atención un rato; y un rato largo, con paciencia y constancia?

Son algunas preguntas, que como adulta y como profesional del ámbito educativo, me planteo desde hace tiempo… Me las planteo para mí, y para el que ha sido mi trabajo con escolares.

Y la respuesta que me doy es compleja y se relaciona con varias cosas:

  1. No es justo pedir lo que yo no hago.
  2. Se supone que los adultos podemos estar concentrados. Se supone, solo.
  3. Tenemos tanta estimulación a nuestro alrededor que se nos hace muy complejo estar “a una cosa”.
  4. Tantos quehaceres que siempre corremos, de un lado a otro, de una tarea a otra, sin pararnos ni un segundo. Y, lo que es peor, sin disfrutar de nada, ¿cierto?

Si estás de acuerdo con estas respuestas e incluso puedes añadir alguna más,… estamos en disposición de seguir planteándonos aspectos y para entender cómo y cuánto de complicado es para una niña, y más en los tiempos que corremos, prestar atención y mantenerla.

Una pregunta interesante para hacernos,… es ¿les permitimos que aprendan a “estar sin más”, a no tener que estar haciendo algo porque sí? O, también por nuestra premura, ¿les instamos a hacer o ir apresuradamente a todo? Corriendo, ellas también siempre corriendo, sin pararse nunca.

Por otro lado,… ¿cuántos estímulos tienen hoy en día las niñas? Televisión con series y programas cada vez más activos, la tablet, el móvil desde que son bebés en la mano, la play, la wii, millones de juegos (que ni saben/sabemos que tienen), etc. Y van de una cosa a otra, corriendo, que es lo que les enseñamos a hacer desde la más tierna infancia. Incluso cuando algo les gusta, suelen cambiar rápido… sin aguantar tiempos prolongados haciendo la misma cosa. Todo invita a la rapidez.

Imaginaos cuando tienen que prestar atención si hacen o les pedimos que hagan cosas menos atractivas, como los deberes (y todas las horas que actualmente requieren), cenar sentada, leer, etc.

Quiero explicarme bien. No digo en absoluto que la responsabilidad sea nuestra, sólo me gustaría reflexionar en la parte que si tenemos (reitero que me refiero a la generalidad, y no en aquellas personas con déficit de atención, que es tema diferente).

¿Cómo podemos ayudar, desde “nuestra parcela”, a aumentar su atención?

  1. Dar ejemplo. Siempre. Si a nosotros nos cuesta, lo podemos trabajar. Cuando estés con ellos, estemos atentos 100% y con concentración plena.
  2. Cada vez que puedas evitar correr y el estrés, hagamoslo. La calma es parte importante del proceso atencional.
  3. Intentemos no hacer mil cosas a la vez. Y dedicarnos tranquilas a lo que estemos haciendo en ese momento.
  4. No les digamos las “100” cosas que tienen que hacer. Las instrucciones, mejor una a una. Así nos aseguramos que las harán y que no las olvidarán.
  5. Limita su exposición a la tecnología. Y favorece el juego autónomo y en compañía; puzzles, etc. La tecnología está bien, pero abusamos de ella. Incluso también, puedes intentar ponerte tú unas horas “sin móvil”. ¿Te atreves? 
  6. Reforcemos cuando mantienen la atención y están atentas a algo.
  7. No grites. El grito no ayuda nunca. Y entrena tu atención y la suya.
  8. Relajémonos y así nuestras hijas, también lo harán.

¿Te ha parecido interesante? Ojalá sí.

¡¡Gracias por leer!!

Reyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora.
Especialista en TDAs por el Grupo ALBOR-COHS
www.psicope2-cp163.wordpresstemporal.com

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